Redacción
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| Foto. Daniel Ávila |
Aunque el tema de este artículo no coincide con
nuestros temas habituales, el aumento de la violencia urbana en todo el mundo
debido al narcotráfico ha suscitado preocupaciones que entendemos que justifican
la publicación de este texto, que extrajimos de un diario brasilero, donde se
publicó sin firma. No pudimos localizar el original en inglés, aunque
confirmamos que fue publicado en 1982 en la revista The Atlantic Monthly,
de Boston, y que la experiencia relatada tuvo lugar en 1969.
Ricardo Soca (periodista uruguayo)
En 1969, en la Universidad de Stanford (EE.UU.), el
profesor. Phillip realizó un experimento de psicología social. Dejó
dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, de la misma marca,
modelo y de color uniforme. Uno quedó en Bronx, entonces una zona pobre y
conflictiva de Nueva York y otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de
California. Dos autos idénticos abandonados en dos barrios con poblaciones muy
diferentes y un equipo de expertos en psicología social estudiando el
comportamiento de la gente en cada sitio.
Resultó que el auto abandonado en Bronx comenzó a ser objeto de vandalismo en
pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, la radio, etc. Se
llevaron todo lo que era utilizable y lo que no podían tomar, lo destruyeron.
Mientras tanto, el vehículo abandonado en Palo Alto permaneció intacto.
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| Foto. Daniel Ávila |
Es común atribuir las causas del delito a la pobreza. Una asignación en la que
coinciden las posiciones ideológicas que coinciden más conservadoras, tanto de
derecha como de izquierda. Sin embargo, la experiencia en cuestión no terminó
ahí. Cuando el auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto
se había mantenido impecable durante una semana, los investigadores rompieron
un vidrio del automóvil de Palo Alto.
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| Foto. Daniel Ávila |
El resultado fue que se desencadenó el mismo proceso que en Bronx: el robo, la
violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del
barrio pobre.
¿Por qué el vidrio roto en el vehículo abandonado en un vecindario
supuestamente seguro es capaz de disparar un proceso criminal entero? No se
trata de pobreza. Evidentemente es algo que tiene que ver con la psicología
humana y las relaciones sociales.
Una ventanilla rota en un auto abandonado transmite una idea de decadencia,
indiferencia, desinterés que va a hacer que se rompan los códigos de
convivencia, como la ausencia de leyes, las normas, las reglas, en un «vale
todo». Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma esta idea y se multiplica
hasta que la escalada de actos cada vez peores, se vuelve incontrolable, lo que
lleva una violencia irracional.
En experimentos posteriores, (James Q. Wilson y George Kelling) desarrollaron
la «Teoría de las ventanas rotas», que, desde el punto de vista criminalístico
no es diferente que la conclusión de que el delito es mayor en las zonas donde
el descuido, la suciedad, el desorden y el abuso son más altos.
Si una parte de un vidrio de una ventana de un edificio y nadie se da cuenta,
muy pronto se rompe todo el resto. Si una comunidad presenta signos de
deterioro y parece no importarle a nadie, ahí se generará el delito.
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| Foto. Daniel Ávila |
Si se cometen infracciones de menor importancia (estacionamiento en lugar
prohibido, exceder el límite de velocidad o pasar un semáforo en rojo) y no son
castigadas, empezarán a cometerse delitos mayores y pronto las faltas graves
serán cada vez más frecuentes y numerosas. Si permitimos actitudes violentas
como algo normal en el desarrollo normal de los niños, el patrón de desarrollo
será más violencia cuando sean adultos.
Si los parques y otros espacios públicos se deterioran, son progresivamente
abandonados por la mayoría de las personas (que ya no salen de sus casas por
temor a la delincuencia), estos mismos espacios abandonados por la gente son
progresivamente ocupados por los delincuentes.
La «Teoría de las ventanas rotas» se aplicó por primera vez a mediados de los
ochenta en el metro de Nueva York, que se había convertido en el punto más
peligroso de la ciudad.
Se empezó luchando contra pequeñas transgresiones:
graffitis que afeaban el lugar, suciedad en las estaciones, alcoholismo entre
el público, evasiones al pago de pasajes, pequeños robos y desórdenes. Los
resultados fueron evidentes. Empezando por lo pequeño, se logró hacer del metro
un lugar seguro.
Más tarde, en 1994, Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York, basado en la misma
teoría, aplicó una política de 'tolerancia cero', basada en la estrategia
consistía de crear comunidades limpias y ordenadas, no permitiendo violaciones
de la ley ni de las reglas de la vida urbana. El resultado práctico fue un
enorme reducción en todos los índices de criminalidad en la ciudad de Nueva
York.
La expresión «tolerancia cero» suena a una especie de solución autoritaria y
represiva, pero su concepto principal es más bien la prevención y promoción de
la seguridad social. No se trata de linchar al delincuente, ni de imponer una
policía prepotente. De hecho, la «tolerancia cero» se aplica también
rigurosamente a los excesos policiales.
No es tolerancia cero con respecto a la persona que comete el delito, sino
tolerancia cero frente al propio delito. Se trata de crear comunidades limpias,
ordenadas, respetuosas de la ley y de los códigos básicos de la vida social
humana.
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| Foto. Daniel Ávila |
Esta es una teoría interesante, y se puede demostrar en nuestra vida cotidiana,
ya sea en nuestro barrio, condominio o pueblo en el que vivimos, no sólo en las
grandes ciudades. La tolerancia cero ha puesto a Nueva York en la lista de
ciudades seguras.
Esta teoría también puede explicar lo que sucede aquí en Brasil con la
corrupción, la impunidad, la inmoralidad, el crimen, vandalismo, etc. (Dice el artículo) http://www.elcastellano.org